Blog Educativo
Su infancia no es como la tuya, ¿qué está pasando?
Es evidente. La infancia de hoy se parece poco a la que vivimos nosotros.
A esos recuerdos que tanta nostalgia nos traen como:
- jugar en la calle hasta que se encendieran las farolas,
- montar cabañas en un descampado,
- andar en bici sin rumbo fijo…
- O tocar el timbre a la vecina para que bajase a jugar.
Esa libertad se ha ido desdibujando entre extraescolares, pantallas y sobreprotección.
Las gran pregunta: ¿Cómo reconcectar a la infancia con lo que de verdad importa?
«Como adultos que tuvimos la suerte de jugar en la calle en nuestra infancia, tenemos la responsabilidad de devolverles a los niños esa oportunidad».
Clara Pons-Mesman, autora de «Sal a jugar»
Hace unos días, Clara Pons —divulgadora sobre juego libre en la infancia— en su cuenta Tierra en las manos, abría el debate acerca de la transformación que ha sufrido las relaciones humanas desde la infancia por el impacto de las pantallas y otros factores socioculturales.
Los comentarios nos parecieron oro. Y nos dieron esperanza. Porque somos muchas las familias conscientes que nos empeñamos en ir contracorriente.
5 pequeños actos de rebeldía para crecer en libertad
Esta transformación que ha impactado a la infancia es conocida como «La gran reconfiguración de la infancia».
Un proceso que ha modificado radicalmente la manera en que los niños y niñas crecen, juegan y se relacionan con el mundo.
- Autores como Jonathan Haidt o Peter Gray han alertado sobre las consecuencias de esta desconexión y proponen alternativas basadas en el juego libre, el contacto con la naturaleza y el fortalecimiento de la vida en comunidad.
Porque aún estamos a tiempo de recuperar la infancia.
No para volver al pasado, porque es evidente que la tecnología ha venido para quedarse. Pero si para proteger la infancia y para construir un presente donde nuestros peques crezcan más conectados con su esencia.
Aquí van 5 líneas de acción para remar a contracorriente:
1. Recuperar el juego al aire libre
Tu peque necesita jugar con arena o tierra, sentir el aire en la cara y construir un mundo a su medida.
El tiempo de juego libre en la naturaleza se ha reducido drásticamente.
Y si a esto le sumamos el uso indiscriminado de pantallas, la desconexión del mundo real es evidante. Tiene un fuerte impacto en la manera en la que los más jóvenes se relacionan.
Y sin embargo, es en los espacios abiertos donde se desarrollan de manera más sana: trepar, ensuciarse, inventar juegos sin juguetes estructurados.
Hagamos lo posible por sacar a nuestros peques fuera:
- cambiar el parque de cemento por un bosque,
- dejar que se suba a los árboles,
- que juegue con barro,
- que se aburra y cree desde ahí.
2. Devolverle la autonomía
Pero lo cierto es que necesitan experimentar, caerse y levantarse.
Sabemos que a veces da vértigo, pero es importante darle alas permitiendo que tu peque camine solo un rato, explore sin tanta supervisión, decida a qué jugar sin un adulto marcando las reglas.
Porque confiar en su proceso de aprendizaje y su capacidad de autogestión es también una forma de amor.
3. Construir en tribu
Criar en soledad es agotador y poco natural.
Antes la infancia transcurría en comunidad. Con peques de diferentes edades jugando juntos y adultos compartiendo crianza.
Si lo piensas bien, somos nosotras las que tenemos que trabajar en revertir esta situación. Apostando por lo colectivo como mecanismo
ante el individualismo y el aislamiento social.
Es hora de recuperar el tejido social:
- quedar con otras familias sin estructura ni horarios,
- crear espacios de juego espontáneo,
- confiar en otros adultos para que cuiden y acompañen.
Porque un niño necesita más que solo a sus padres. Necesita una tribu.
4. Reducir la sobrecarga y el consumo
Demasiadas actividades, demasiados juguetes, demasiadas pantallas.
La infancia se ha convertido en un torbellino de estímulos que deja poco espacio para la creatividad y el asombro.
Así como, el ocio de consumo, así como las redes sociales, tienen un impacto directo en las expectativas y las preferencias de los chavales.
Te animamos a reducir y simplificar:
- Menos juguetes y más materiales naturales.
- Menos extraescolares y más tardes de juego libre.
- Menos entretenimiento pasivo y más experiencias de cambio.
5. El hogar como epicentro del cambio
Cada vez son más las familias dispuestas a hacer este cambio de mirada. Aunque esto suponga incluso confrontar ideas extendidas acerca de la tecnología, los móviles, videojuegos y demás.
Familias como la tuya que dedican tiempo a jugar sin distracciones, creando espacios compartidos, respetando los tiempos y necesidades de la infancia.
E incluso, implementan otros modelos llevar el aprendizaje a través del juego:
- proyectos en casa,
- tiempo para la curiosidad,
- escapadas a museos y bosques…
Buenas noticias: puedes hacerlo diferente
Escucha tus tripas porque tienes el poder de hacerlo diferente.
Esas tardes sentada en el suelo o esos paseos sin prisa, tienen un impacto directo en tu peque.
Decisiones con las que priorizas la infancia sobre las expectativas del mundo adulto.
Como ves, la buena noticia es que no estás sola. Porque como tú, queremos una infancia más libre, más natural, más conectada.
Y el primer paso es simplemente decidir: ¿cómo quiero que sea la infancia de mi peque?
Qué suerte que podamos elegir.