Blog Educativo
Verano sin pantallas; ¿es posible?
Vacaciones de verano y con ellas, una mezcla de emociones, entre ganas e incertidumbre.
Por un lado, las ganas de parar, de salir, de estar.
Y al mismo tiempo, ese pequeño vértigo de pensar: cómo equilibrar el trabajo, la conciliación y los días largos…
Lo que se siente en el ambiente, es ese deseo profundo —incluso la necesidad— de desconectar. Así que vamos a abordar el tema de las pantallas, SIN CULPAS.
Pantallas ¿sí o no?
No es la primera vez que hablamos de tema. De hecho, muchísimas familias nos lo preguntáis.
Para nosotras desde Alupé, no es una cuestión técnica. Es emocional. Porque a veces, cuando hablamos de pantallas, lo que de verdad está en juego es el vínculo, la atención compartida y ese deseo de estar y compartir.
No se trata de hacerlo perfecto
Este no es un artículo para culpabilizar a nadie. Aquí no vas a leer que las pantallas son el demonio, ni que tienes que esconder la tablet durante dos meses.
Aquí estamos para acompañarte, no para juzgarte.
Porque lo que muchas veces ocurre es esto: tienes ganas de pasar más tiempo con tu peque, pero necesitas ducharte, trabajar, o simplemente un ratito de silencio. Así que pones una serie. O le das el móvil. Y ya está.
¿Te suena? A nosotras también.
La pregunta no es si está bien o mal. La pregunta es:
¿Estás a gusto con cómo están siendo vuestros días? ¿Te gustaría cambiar algo?
El ejemplo más potente lo tienes tú
Es incómodo, pero real. Si lo primero que haces al despertarte es mirar el móvil, no es fácil pedir que ellos se entretengan sin pantalla.
Tu ejemplo les da una pauta, un modelo a seguir.
A veces basta con pequeños gestos:
- apagar la televisión durante la merienda,
- dejar el móvil a la hora del baño,
- elegir un cuento en lugar de un reel.
Cuando tú haces hueco a la presencia, ellos aprenden que también pueden.
Las pantallas no son el problema
El problema es que lo ocupen todo
Un capítulo de dibujos puede ser un salvavidas. Una forma de ganar 20 minutos para ti. Pero cuando las pantallas llenan la mañana, la tarde y la noche, algo se apaga.
Lo notas tú y lo nota tu peque.
Y no es solo por el impacto físico —ojo seco, falta de movimiento, dificultad para dormir— o para su desarrollo cognitivo y emocional. Es por lo que dejan fuera:
- el juego libre,
- el movimiento,
- la conversación,
- el aburrimiento necesario para crear.

Alternativas reales, posibles y ligeras
Calma, porque no hace falta montar un campamento en casa ni tener un Pinterest infinito de actividades. Bastan algunas opciones abiertas, preparadas con intención. Por ejemplo:
- Un rincón con masas sensoriales —de sal, de harina, de plastilina casera— . No vale eso de que no tienes ideas, porque aquí tienes un dossier con recetas caseras, ideas creativas y trucos, reunidos en un descargable gratuito.
- Una caja con retos de agua para los días de calor, y también tenemos ideas refrescantes para ti en este imprimible veraniego.
- Un puzzle bonito sobre la mesa del comedor.
- Un cuento que atrape.
- Una lista de reproducción con historias para escuchar mientras pintan
Todo eso también da tregua. Y le hace bien.
Limitar las pantallas, no es castigar
Puedes marcar momentos para las pantallas sin que se conviertan en un campo de batalla.
- «Después de comer hay dibujos».
- «Por la mañana no se encienden pantallas».
- «Una peli en familia el sábado».
Que tu peque lo sepa con antelación. Así lo vivirá como parte de la rutina, no como un premio ni un castigo.
En definitiva, se trata de bajar revoluciones e impactos, dejando tiempo y espacio al juego y el timpo en familia.
Un verano más de verdad, como los de antes.
No se trata de que no haya pantallas, sino que haya más de lo otro. Más juego real, charlas tontas. Más cuerpo. Más calle.
Por eso, la pregunta que queremos que resuene es: «¿a qué vamos a jugar hoy?». Y ahí empieza el cambio.