CRECIENDO, JUGANDO

¿Qué hay detrás de jugar a matar?

Todo iba bien. Estaban jugando, riendo, imaginando mundos imposibles. Hasta que, de pronto, escuchas: «¡estás muerto!»

Y algo te chirría. Una emoción que no sabes bien como manejar. Se te acelera el corazón y por un segundo temes estar frente a una señal de agresividad o de algo que no sabes cómo manejar.

No eres la única. A muchas familias les inquieta ver cómo la muerte, las batallas o las armas aparecen en los juegos.

Porque nos cuesta aceptar que eso también forma parte de la infancia.

En realidad, estos juegos no hablan de violencia, sino de algo mucho más profundo: de miedos, de poder, de vida.

Comprenderlo cambia por completo la mirada.

Por qué los niños juegan a matar

En Alupé llevamos 12 años observando el juego como lenguaje. Sabemos que a través del juego los peques procesan lo que viven, lo que temen y lo que desean.

El juego simbólico, ese en el que una piedra es un barco o un palo se convierte en espada, les permite ensayar la vida.

Cuando aparece la muerte o la agresión en sus historias, no están intentando hacer daño: están explorando emociones intensas y aprendiendo a gestionarlas.

  • A veces, el «te maté» es una forma de sentirse fuerte o valiente.
  • Otras, una manera de enfrentarse al miedo que provocan las historias de monstruos o la pérdida de alguien cercano.
  • Y casi siempre, es un juego de roles y poder, una forma simbólica —no real— de comprender el mundo.

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Preguntas frecuentes sobre jugar a matar

Cuando la muerte se cuela en el juego, por muy simbólico que sea, surgen dudas. Y es normal.
Además, que es una preocupación compartida entre las familias.

Te ayudamos a encontrar una respuesta.

«¿Es normal? ¿Mi hijo es violento?»

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Sí, es normal. Jugar a matar no es un signo de violencia, sino una forma de representar el poder, la fuerza o el miedo.

Es su manera de poner en juego lo que observa a su alrededor y de entender el mundo.

La mayoría de los niños y niñas atraviesan esta etapa en algún momento, especialmente si están expuestos a historias de héroes, monstruos o luchas del bien contra el mal.

Lo importante no es el contenido del juego, sino la actitud emocional que lo acompaña. Cuando hay reglas, risas y disfrute, no hay motivo de alarma.

«¿Debo intervenir cuando mi hijo juega a matar?»

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Depende. No se trata de cortar el juego, sino de entender qué está expresando.

Como decíamos, es una manera sana de experimentar emociones intensas. En cambio, se vuelve repetitivo, agresivo o excluyente, ahí sí conviene intervenir. No desde la censura, sino para ofrecer una nueva dirección, preguntando:

  • qué está imaginando,
  • qué siente su personaje o
  • qué podría pasar después si en lugar de destruir, protege o rescata.

 

«¿Estoy fomentando la violencia si permito que juegue a matar?»

No. Prohibir no evita la violencia; acompañar transforma el sentido del juego.
Cuando observas, haces preguntas y pones palabras a lo que pasa, estás ayudando a tu peque a entender mejor sus emociones.

El juego simbólico o de imitación permite experimentar situaciones que, en la vida real, serían imposibles o inaceptables.
Y eso es justo lo que lo hace valioso porque ensaya la empatía, los límites y la reparación. 

 

«¿Es malo que use una pistola de juguete?»

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Desde la Alupé, no fomentamos el uso de armas de juguete porque no consideramos que sean herramientas que nutran la imaginación creativa ni el aprendizaje real.

Es más, desde la pedagogía Montesori, lo que se defiende es el ofrecer materiales reales, bellos y con propósito, que conecten al niño con la vida cotidiana o la naturaleza. Una pistola de plástico no cumple esa función.

Ahora bien, todas las familias sabemos que para la mente de un peque, un palo puede ser una espada o un plátano una pistola. Y está bien así.

 

Así que, aprovecha estos juegos para iniciar conversaciones importantes. Sobre lo que imagina, sobre la muerte, sobre la vida.

Acompañándole sin miedo, validando lo que siente y ofreciendo nuevas narrativas a través de valores como la  justicia, la cooperación y por supuesto, el amor.

Porque el juego sigue siendo su lenguaje más honesto y también el mejor camino para llegarle a tu peque.

 

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