JUGANDO

Esta masa sensorial no salió perfecta. Y eso también forma parte del juego

helado hecho a base de una masa sensorial casera que salió fatal

Teníamos guardada esta receta de masa sensorial en nuestra carpeta de inspiración desde hacía tiempo.

A priori parecía facilísima. Solo había que mezclar maicena, bicarbonato y unas gotas de colorante. Después remover bien con agua y añadir espuma de afeitar hasta conseguir una textura esponjosa, parecida a la de un helado.

O al menos eso prometía el vídeo, pero menudo chasco.

 

La teoría era una. La realidad, otra

No había manera de conseguir esa textura. Añadimos un poco más de espuma. Después un poco más de maicena. Volvimos a mezclar. Nada.

Hubo un momento en el que pensamos: «Pues hoy esta actividad no va a salir».

Y entonces nos dimos cuenta de que SÍ estaba saliendo.

Solo que no de la manera que habíamos imaginado.

Cuando una actividad sensorial cambia por el camino

Mientras nosotras seguíamos intentando conseguir la textura perfecta, el juego ya había empezado.

Sus manos seguían explorando la mezcla. Apretaban, deshacían los grumos, comparaban cómo cambiaba al añadir un ingrediente más y hacían sus propias hipótesis.

Lo que para un adulto podría parecer un error, para un peque seguía siendo una oportunidad para experimentar.

Por eso nos gustan tanto las actividades sensoriales. Porque no dependen únicamente del resultado. Lo realmente valioso ocurre mientras manipulan los materiales, descubren nuevas texturas y prueban una y otra vez sin miedo a equivocarse.

Una masa sensorial también enseña cuando no sale perfecta

Vivimos rodeados de vídeos en los que todo parece salir bien a la primera.

Las recetas quedan exactamente igual que en la pantalla y las manualidades parecen imposibles de estropear. Pero la realidad de cualquier casa suele ser bastante distinta.

Y, sinceramente, nos gusta más así.

Cuando una masa sensorial casera necesita ajustes, los peques aprenden que siempre hay otra opción: añadir un ingrediente, cambiar la cantidad o simplemente transformar la idea inicial en un juego diferente.

Sin darse cuenta, están desarrollando la capacidad para observar, buscar soluciones, adaptarse a los cambios y tolerar la frustración. Todo ello mientras juegan.

Nuestro consejo: disfruta más del proceso que del resultado

Si te animas a preparar esta receta en casa, intenta olvidarte de reproducir exactamente la textura del vídeo.

Cada marca de espuma es diferente, puedes probar con la de afeitar o quizás echar un vistazo a la que tenemos en la tienda. La humedad del ambiente también influye y, muchas veces, las cantidades necesitan pequeños ajustes.

Y no pasa absolutamente nada.

Porque si algo nos recordó esta actividad es que los mejores ratos de juego casi nunca aparecen cuando todo sale perfecto.

Aparecen cuando dejamos espacio para probar, equivocarnos, volver a intentarlo y reírnos por el camino.

Al fin y al cabo, eso también forma parte del juego.

 

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