Niños y pantallas
CRECIENDO

El verano que no vivimos delante de una pantalla

Añade estos 3 ingredientes al verano de tu familia para no echarlo a perder mirando a una pantalla

 

Este asunto escuece un poco así que vamos a relajarnos.

Cierra un momento los ojos y viaja en el tiempo hasta tu infancia. A algún verano.

¿Qué ves? Bicicletas, un pueblo, juegos al aire libre, cosquillas, ¿a lo mejor un juego imaginario que aún recuerdas te ha sacado una sonrisa?

No han pasado siglos desde entonces. Nos hacemos mayores, pero no tanto. Y resulta que si pensamos en nuestros hijos… ¿se parecen en algo sus veranos a los nuestros?

Está claro que los tiempos cambian. Tampoco nuestra niñez fue igual que la de nuestros padres, pero esta vez ¿estamos evolucionando o retrocediendo?

Hay un elemento que lo ha cambiado todo: las pantallas.

 

 

Ahora solucionamos el aburrimiento de un viaje en coche instalando un dvd, intentamos que coman verdura dándoles la tablet, tratamos de estar un rato tranquilos dejándoles nuestro móvil… Y, parece que a ellos les gusta, ¿no?

El otro día pasé cerca de un parque y me fije en un grupo de chavales. No, no estaban comiendo pipas. Ni charlaban, ni echaban risotadas, ni jugaban al fútbol…

Estaban sentados enfrascados cada uno en la pantalla de su móvil. En silencio. Cabizbajos.

La imagen no se marcha de mi cabeza. ¿Qué estaban aprendiendo? ¿Qué podrán recordar en el futuro de esos ratos con amigos?

 

«El entretenimiento digital es comida basura para el cerebro de un niño«, David Hill, pediatra.

 

Suena duro, ¿verdad? A lo mejor no es para tanto. ¿Qué les va a pasar? Si al fin y al cabo tienen que saber manejarse en entornos tecnológicos…

Ya. Es que lo que debería preocuparnos no es tanto lo que hacen, sino lo que dejan de hacer.

 

Niños y pantallas

 

Están mirando a una pantalla. ¿Preocupante? Hay opiniones de todo tipo sobre los efectos de las pantallas sobre la salud de los niños.

Pero, ¿y lo que están dejando de hacer?

Están dejando de inventar escenarios, de perseguir lagartijas, de hablar con la gente, de recoger flores… ¡De descubrir cosas!

Se pierde el verdadero aprendizaje de nuestra infancia, las «vitaminas» que desarrollan todas nuestras capacidades cuando somos niños.

 

«Los niños aprenden de la interacción con personas, no con pantallas. Deben usar su imaginación en situaciones de juego libre«, Academia Americana de Pediatría

 

Un niño pequeño aprende mucho más golpeando el suelo con un cazo que viendo un capitulo de Pocoyo.

Puede que con la pantalla no moleste a los vecinos y tú puedas hacer la cena tranquila, pero él está dejando de descubrir tantas cosas que nunca le contará Pocoyó…

Para el cerebro de un niño no hay sucedáneos. Nada puede sustituir al juego desestructurado y la interacción humana.

 

Niños y pantallas

 

El ocio digital, pasivo y estático, les arrebata la oportunidad de ser creativos, de solucionar problemas, de razonar… y también de ser habilidosos con su cuerpo, más allá del dedo pulgar.

 

La mejor educación para la vida online es la que tiene lugar en la vida off line”, Catherine L’Ecuyer

 

Y ésta no es una batalla perdida. Podemos intentar hacerlo mejor, aunque no vayamos a desterrar por completo las pantallas. Podemos tener una convivencia más saludable. ¿Cómo?

 

Te propongo un plan: una receta de 3 ingredientes

 

  • Objetivo: vivir el verano juntos, de verdad, aprender de él y construir buenos recuerdos.
  • Ingredientes: compañía, contenido y juego.

 

Compañía: no es lo mismo ver una película juntos o jugar una partida en familia, que estar cada uno con su dispositivo en la mano. ¿Y si ese rato de pantalla que nos reclaman lo pasamos juntos?

Contenido: no da igual arre que so. En internet hay de todo y en la tele también. Fíjate en lo que suele ver para que el contenido que vaya a digerir sea lo mejor posible.

Juego: hemos dejado la mejor para el final. Puede que tu hijo te sorprenda y se olvide de todas las pantallas si te acercas con un juego. ¿Por qué? Por que lo que de verdad quiere es estar contigo y descubrir cosas junto a ti.

 

Vale, no siempre podemos hacerlo. Estamos ocupadas. Pero el verano nos brinda una oportunidad de oro para frenar y reconducir la situación.

 

¿Te animas? ¿Les regalamos un verano que recuerden siempre?

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